El Arte del Vermut: historia, variedades y maridajes

El vermut no es solo una bebida; es un ritual gastronómico con siglos de tradición. Desde las barras de Barcelona hasta los cafés de Turín, esta bebida aromatizada a base de vino ha conquistado paladares y reuniones sociales. En España, tomar el vermut es más que un aperitivo: es “la hora del vermut”, un momento sagrado para reunirse con amigos en bares y terrazas, disfrutando de su sabor especiado acompañado de tapas. En esta entrada de blog te invitamos a descubrir el arte del vermut: exploraremos su fascinante historia, las variedades principales (rojo, blanco, seco y rosado), consejos para disfrutarlo al máximo y los mejores maridajes para realzar sus sabores. ¡Prepárate para elevar tu próximo aperitivo al siguiente nivel!
Historia del vermut: orígenes, evolución y legado cultural
La historia del vermut se remonta a la antigüedad. Su antepasado podría considerarse el “vino hipocrático” que preparaba Hipócrates en la Grecia clásica, macerando vino con ajenjo y otras hierbas como remedio medicinal. De hecho, la palabra vermut proviene del alemán “wermut”, que significa ajenjo, en honor a esta hierba amarga imprescindible en su elaboración. Durante siglos, monjes medievales y boticarios continuaron experimentando con vinos aromatizados, utilizándolos con fines digestivos y curativos.
El concepto moderno de vermut nació en el siglo XVIII. Fue en la ciudad de Turín, Italia, donde Antonio Benedetto Carpano creó en 1786 el primer vermut comercial a base de vino Moscato del Piamonte infusionado con más de 30 hierbas distintas. Su creación, dulzona y llena de matices, sedujo incluso a la realeza de la época, sentando las bases de la tradición italiana del vermouth di Torino. Poco después, en Francia, Joseph Noilly desarrolló el vermut francés (vermut seco) a inicios del siglo XIX, un estilo más seco y pálido que se convirtió en la base de famosos aperitivos franceses. La expansión por Europa fue imparable. En el siglo XIX, grandes marcas como Martini, Cinzano o Punt e Mes popularizaron el vermut por todo el continente, y la bebida cruzó océanos convirtiéndose en ingrediente esencial de cócteles clásicos (el Martini seco, el Negroni, el Manhattan, entre otros). España adoptó el vermut con entusiasmo hacia finales del siglo XIX, especialmente en Cataluña –en ciudades como Reus– donde florecieron los primeros vermuts artesanales locales. Con el tiempo, cada región española aportó su toque, y “ir de vermut” se volvió un pilar de la cultura gastronómica nacional. A día de hoy, el vermut simboliza ese puente entre la tradición y la modernidad gourmet: una joya líquida que ha pasado de ser un antiguo elixir medicinal a ser el rey del aperitivo en distintas culturas.
Variedades de vermut: rojo, blanco, seco y rosado
El mundo del vermut es tan diverso como fascinante. Existen diferentes variedades de vermut y cada una posee personalidad propia. Las cuatro principales son el vermut rojo, blanco, seco y rosado, ¡conócelas a continuación!
Vermut rojo (vermú rojo o vermouth rosso)
Es la variedad clásica y la más consumida en España. Se elabora con base de vino blanco pero suele teñirse de un tono caoba rojizo mediante caramelo o azúcar quemado. Su sabor es dulce con un sutil amargor, destacando notas de hierbas aromáticas, caramelo e incluso canela. El vermut rojo tiene su origen en Italia y fue el estilo pionero de Carpano en Turín. Por su dulzor equilibrado, resulta muy versátil: se disfruta solo con hielo y una rodaja de naranja, o en cócteles icónicos como el Negroni o el Manhattan. Cada bodega guarda con celo la receta de su vermut rojo, pero todas comparten ese carácter especiado-dulzón que despierta el apetito.
Vermut blanco (vermouth blanc o bianco)
El vermut blanco es más ligero y aromático. De color amarillo pajizo o dorado claro, tiende a ser algo más dulce o menos amargo que el rojo, con predominio de notas cítricas y vainilla en su perfil. Su origen moderno se atribuye a Francia –fue creado por Noilly en 1813– por eso muchas veces al vermut blanco se le conoce como vermut francés, aunque hoy numerosas bodegas lo elaboran. Al paladar suele sentirse más seco que el rojo pese a su toque de dulzor, ya que en su receta se usan menos hierbas amargas. Es un vermut refrescante, ideal como aperitivo veraniego o para quienes prefieren sabores más suaves. Se puede tomar solo con hielo o incluso con un chorrito de soda, y marida muy bien con tapas ligeras como mariscos y pescados.
Vermut seco (dry vermouth)
También llamado vermut francés debido a su procedencia, es la versión más seca y amarga de esta bebida. Se elabora sobre todo con vino blanco neutro y botánicos como ajenjo, genciana, salvia u otras hierbas de fuerte sabor, añadiendo mucho menos azúcar que en las variedades dulces. El resultado es un vermut de color muy pálido (casi transparente) y de sabor más áspero o herbáceo. Es altamente apreciado en coctelería: constituye la base de combinados clásicos como el Dry Martini o el Martínez, donde su toque seco equilibra los destilados fuertes. Aunque en España no se suele beber solo con hielo, el vermut seco sí se utiliza para dar un punto sofisticado a salsas y platos, o se disfruta bien frío con aceitunas para los paladares que buscan menos dulzor.
Vermut rosado (vermú rosé)
El vermut rosado es una incorporación más reciente al repertorio, fruto de la creatividad de bodegas que mezclan vino blanco y tinto o usan uvas tintas vinificadas en blanco para lograr un atractivo color rosa salmón. En aroma y sabor es suave, fresco y afrutado, con apenas amargor. Suele presentar notas florales o de fruta roja, siendo ligeramente más dulce que el vermut blanco seco pero más ligero que el rojo. Por su perfil equilibrado, el vermut rosado es perfecto para el verano y para paladares nuevos que se inician en el mundo del vermut. Es muy versátil: se puede tomar solo con hielo, adornado con toronja o frutos rojos, y brilla en cócteles creativos. Algunos lo combinan con gastronomías exóticas o picantes donde su dulzor refrescante contrasta y calma el paladar.
Cómo tomar el vermut: consejos para disfrutarlo adecuadamente
Disfrutar de un vermut va más allá de servir y beber; se trata de crear la experiencia perfecta. Aquí tienes algunos consejos de servicio para saborear el vermut como un verdadero experto:
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Sírvelo bien frío: El vermut debe servirse siempre frío o con mucho hielo. La temperatura baja realza sus matices herbales y atenúa el amargor, haciéndolo más refrescante. Lo tradicional es presentarlo en un vaso bajo o copa de aperitivo con un par de cubos de hielo. (Tip: deja enfriar la botella en la nevera antes de servir).
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Añade un toque cítrico y una aceituna: Por costumbre, en España se acompaña el vermut en el vaso con una rodaja de naranja o limón y una aceituna verde ensartada. El toque cítrico aporta aromas frescos y la aceituna añade un contraste salado que realza el dulzor-amargo de la bebida. ¡Un pequeño gesto que marca la diferencia en la presentación clásica del vermú!
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Personaliza con sifón o mezcladores (opcional): Si encuentras el vermut muy intenso, puedes rebajarlo a lo clásico con un chorrito de sifón o agua con gas. Esta práctica, típica de muchos vermuteros, aligera el cuerpo de la bebida y la hace aún más fácil de beber, sin restarle sabores. También puedes experimentar preparando cócteles sencillos: por ejemplo, un vermut rojo con un toque de soda y bitter (conocido como Americano), o combinar vermut blanco seco con tónica para un trago distinto. ¡El vermut es versátil, siéntete libre de innovar!
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El momento y la compañía ideales: El vermut se disfruta tradicionalmente antes de la comida, durante el mediodía, para “abrir el apetito” en lo que se conoce como la hora del vermut. No hay reglas estrictas, pero sí una máxima: el vermut sabe mejor sin prisas y en buena compañía. Tómalo como excusa para relajarte, conversar y picar algo sabroso antes del almuerzo. Esa atmósfera distendida hace que cada sorbo se aprecie más.
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Acompáñalo con tapas saladas: Un vermut rara vez se toma sin algo de picar al lado. Lo típico es servirlo con aperitivos sencillos pero sabrosos que contrasten con su dulzor: patatas fritas o bravas, aceitunas y encurtidos, banderillas, frutos secos tostados, mejillones en escabeche, berberechos, tacos de tortilla, quesitos... las opciones son infinitas. Estos acompañamientos salados equilibran el paladar y preparan el terreno para la comida principal. ¡No temas improvisar tu mix de tapas favorito para crear tu propio ritual del vermut!
Mejores maridajes para el vermut: alimentos que realzan su sabor
El vermut, con su sabor único entre dulce, amargo y especiado, se lleva de maravilla con una gran variedad de bocados. Si quieres llevar la experiencia a otro nivel, prueba estos maridajes ideales para vermut, que harán que sus sabores destaquen aún más:
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Aceitunas y encurtidos: Son el acompañamiento por excelencia. Las aceitunas (especialmente las rellenas de anchoa) aportan un toque salado e intenso que contrasta perfectamente con la dulzura sutil del vermut. Otros encurtidos como pepinillos, cebollitas o banderillas aportan acidez y crujiente, limpiando el paladar entre sorbo y sorbo.
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Frutos secos tostados: Almendras, avellanas, nueces... Los frutos secos añaden textura crujiente y notas tostadas que armonizan con el carácter herbal del vermut. Además, su punto de sal realza el componente amargo-dulce de la bebida. Un puñado de almendras marcona o pistachos acompañarán de maravilla tu vermú del domingo.
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Embutidos y salazones: Tapas de jamón ibérico, chorizo, salchichón o lomo embuchado son excelentes compañeros del vermut. Su sabor umami y grasita combinan con los matices herbales, creando un equilibrio delicioso. Del mismo modo, los pescados en salazón como las anchoas o boquerones en vinagre (otro clásico del aperitivo) aportan intensidad marina y salinidad que hacen cada trago de vermut aún más sabroso.
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Quesos curados: Un buen queso manchego, idiazábal u otro curado de oveja potencia la experiencia con vermut. Estos quesos de sabor pronunciado realzan la complejidad del vermut y a la vez sus notas dulces compensan ligeramente la sal y la potencia del queso. Corta el queso en dados o lascas para ir picando; cada bocado hará resaltar nuevas notas en tu copa de vermut.
En general, los sabores salados, ácidos y umami son los mejores aliados del vermut, porque equilibran su dulzor y amargor. Piensa en conservas, tapas y aperitivos de sabores intensos: el matrimonio con el vermut suele ser un acierto. ¡Atrévete a probar distintas combinaciones y descubrirás por qué al vermut se le considera un vino de aperitivo tan versátil en la gastronomía!
Ahora que conoces todos los secretos del vermut, solo falta ponerlos en práctica. La próxima vez que quieras disfrutar un buen aperitivo, déjate tentar por esta bebida histórica y sus perfectos acompañamientos. Y si buscas llevar tu experiencia al siguiente nivel, te invitamos a descubrir las mejores opciones de vermut en Importaciones Cantabria. Allí encontrarás una cuidada selección de vermuts nacionales e internacionales, ideales para todos los gustos. ¡Visítanos y consigue ese vermut especial para brindar y vivir el arte del vermut en toda su esencia!